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Slowing down, is it possible?

Faut-il arrêter de courir?

Pris dans le tourbillon de la vie, happé par un sentiment de poser sans cesse le pied sur l’accélérateur, est-il vraiment possible de ralentir? Peut-on à nouveau « vivre » la vie? Fernanda Aguila-Marin, étudiante au campus de Poitiers, revient en espagnol sur cette question qui nous hante tous.

Y una vez más aquí estoy, en frente de esas 13 pulgadas que se han convertido en la relación más codependiente que he tenido. Agotada y sobre todo preocupada por que mi eterno compañero nocturno parece no ser suficiente. Me preguntaría cómo he llegado a estar así, pero la respuesta es demasiado obvia.

Todos nos hemos sentido así: perdidos en medio del mar, viendo como un tsunami se aproxima, sabiendo que lo único que queda por hacer es rogar por no ahogarse y confiar que se tiene la suficiente fuerza para salir a la superficie cuando todo acabe.

Pero… ¿en realidad esto tiene fin?

Me intento tranquilizar diciendo que sí, que no hay plazo que no termine y no hay fecha límite que no se alcance. Tenemos la suerte de todavía saber qué día las vacaciones oficialmente empiezan. Pero al mismo tiempo sé que cuando esta “tormenta” acabe, muchas otras cosas también lo harán.

Sé que no estoy sola, sé que encontré el lugar del mundo donde todas las personas que me rodean viven la vida de la misma forma. Rápido, intenso, en una eterna carrera por siempre hacer más, siempre demostrar que somos capaces de hacer hasta lo imposible. Me jactaba de poder vivir así, viviendo al límite continuamente y encontrando un placer indescriptible al hacerlo.

Y es que esa idea de no ser la única se convirtió en mi consuelo y justificación. Al final, si todos lo hacemos, es normal ¿no? . Y más que normal, es bueno e incluso necesario. Pero cuando dejar de dormir por días se convierte en la regla y no la excepción, fue imposible no cuestionarme sobre mi aparentemente no tan sano estilo de vida.

Siempre culpo a mi familia por ser así, educaron a una hija intensa, perfeccionista y lo peor de todo, procrastinadora. No la combinación más saludable evidentemente. Pero, aunque debo gran parte de lo que soy a ellos, la decisión de ser así finalmente es mía.

Y la verdad, es que amo esta manera de vivir, y en el mundo en el que vivimos es la adicción mejor socialmente aceptada.

Pero mientras atravesaba esta crisis existencial de media noche, encontré (en mi tiempo de procastinar paradójicamente) algo que me obligó ver las cosas de otra manera. Una TedTalk (mis amigos saben que soy adicta a ellas) que hablaba justo de eso. De este paradigma social donde “faster is always better”, donde sentirte productivo es imperativo y cualquier instante fuera del marco te hace sentir culpable. Fue imposible no reconocer los síntomas de alguien “living too fast”. De alguien que siempre encuentra cómo ocupar su tiempo, que siempre tiene la agenda saturada y que busca nuevas formas de dejarse llevar una y otra vez al límite. No puedo negar que sentí placer al verme identificada. Como una entre millones, vivo bajo la idea que ser “workaholic” es sinónimo de hacer las cosas bien, que es el camino al tan efímero “éxito”.

Sin embargo, hubo algo que me despertó (…y no, no fue mi café). Fue el escuchar

“You feel like you’re racing through your life instead of actually living it”

Tuve miedo que esa podría ser la verdadera forma en la que vivo mi vida.

Tuve miedo de entrar en esa carrera sin fin y no parar hasta que sea demasiado tarde.

Entonces me encuentro sobre esta gran paradoja: de vivir con esta necesidad, esta adicción de vivir así, siempre al límite, siempre con prisa. Y al mismo tiempo con esas ganas infinitas de tomarme las cosas con calma. De tener tiempo “libre”, tiempo para perderme en libros, enamorarme y saturarme de películas. De en realidad conocer gente más allá de saludos cordiales. De tener tiempo para dormir, tiempo para dejar mi mente volar libre, sin el miedo de un reloj siempre corriendo por detrás.

Slowing down…

Par Fernanda Aguila-Marin.

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